Doña Amalia fue golpeada por su propio hijo cuando se negó a firmar la venta del rancho donde cuidaba a sus animales, sin imaginar que Ramiro ya había falsificado su firma y planeaba declararla incapaz para quedarse con todo. Lo que parecía una pelea por una propiedad humilde terminó revelando una red de fraude, un comprador corrupto, documentos robados y la prueba escondida que Lucero, el caballo que todos despreciaban, sacó de la tierra frente al pueblo entero.
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