La echaron de casa embarazada por negarse a abortar y durante diez años nadie volvió a pronunciar su nombre; pero cuando regresó junto a su hijo, ya convertido en la viva prueba de todo lo que quisieron ocultar, una sola frase frente a su familia hizo temblar el silencio y señaló el lugar junto al río donde estaba enterrado el secreto que podía destruirlos para siempre, sin que nadie pudiera volver a negarlo.
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