En plena boda, su suegra levantó la copa para anunciar que pronto viviría en el departamento de Polanco que Mariana había comprado con años de trabajo, convencida de que después del “sí” ya nadie podría detenerla; pero la sonrisa de Diego se apagó cuando la madre de la novia abrió una carpeta beige, reveló que la propiedad ya estaba protegida y puso a sonar el audio que demostraba el plan familiar para apropiarse de todo.
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