Mi tío notó un moretón durante la cena y me preguntó en voz baja: “¿Estás a salvo en tu propia casa?”. Yo mentí, pero esa noche mi esposo volvió a golpearme. A la mañana siguiente aparecí con un informe médico, una abogada y un sobre cerrado que revelaba su doble vida y una deuda imposible de pagar.
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