Héctor le ofreció 250 millones para que firmara el divorcio y se llevara al hijo que él llamaba “diferente”, creyendo que Mariana aceptaría la humillación y desaparecería de su vida; pero no imaginó que Emiliano, el niño al que despreciaba por sus números, había descubierto los pagos ocultos de los viernes, una cuenta secreta en Panamá y el fraude que terminaría quitándole la empresa que jamás controló de verdad.
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