Valeria fue invitada a la boda de su exesposo para sentarla junto a la cocina y recordarle que ya no pertenecía a los Aranda, pero llegó con 3 niños de traje que tenían el mismo rostro de Santiago y un expediente capaz de derrumbar toda la ceremonia; lo que Doña Regina creyó una humillación terminó revelando una clínica de fertilidad, decisiones tomadas sin consentimiento y un testamento que puso el imperio familiar en manos de la mujer que intentaron borrar.
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