Tras 8 años viviendo juntos, Valeria escuchó a Diego decir por teléfono que ella era cómoda para compartir casa, pero no “material para esposa”, y que seguía esperando a la indicada; en lugar de reclamar, sonrió, cenó con él y empezó a vaciar su vida en silencio. Siete días después, Diego volvió de viaje y encontró el departamento casi vacío, sus excusas muertas sobre la mesa y una verdad imposible de arreglar: Valeria por fin se había elegido a sí misma.
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