El niño solo pidió un taco en la reja de una hacienda de Jalisco, pero cuando la cadena rota de su cuello dejó caer una medalla con las iniciales del hijo desaparecido de la dueña, la anciana se desplomó frente a todos; nadie imaginaba que aquel pequeño hambriento no había llegado a reclamar una herencia, sino a entregar la última prueba de que el hombre al que llamaban traidor había sido asesinado por alguien que todavía cenaba en esa misma casa.
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