MI ESPOSA NI SIQUIERA SE LEVANTÓ CUANDO LA ENCONTRÉ DE RODILLAS FRENTE A SU MEJOR AMIGO EN NUESTRO DORMITORIO. En lugar de avergonzarse, Paula me miró a los ojos y sonrió como si quisiera provocarme. Yo solo le pedí que bajara porque había visitas esperando. Entonces escuchó una voz desde la sala y su cara cambió por completo.
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