—“Puedo explicarlo”, murmuró mi esposo cuando despertó en la casa de otra mujer, usando la misma camisa que yo le había planchado para su supuesto viaje a Monterrey. Yo seguí atendiendo su emergencia y respondí: “Ahora eres mi paciente”. Pero ya había encontrado un segundo celular; horas después aparecieron transferencias, viajes falsos y un plan de ocho meses para salir del matrimonio llevándose mucho más de lo que yo imaginaba.
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