—Tu hijo no merece sentarse con nosotros; que coma parado como el mantenido que es— había dicho Candice antes de irse de vacaciones. Cuando regresé antes de tiempo encontré a Lucas lavando ropa a mano, a oscuras, con marcas en los brazos. No grité: grabé todo. Pero en el cajón de mi esposa hallé la copa de su madre muerta, tarjetas ajenas y una carpeta marcada “VIUDAS”. Entonces entendí que mi hijo quizá no era el único objetivo.
ducanhkok