Ante todos los invitados, mi prometido señaló a mi padre y dijo: “No quiero relacionarme con gente que vive de ensuciarse las manos”. Yo recogí mi anillo, abracé a papá y me preparé para marcharme. Pero un oficial con varias condecoraciones entró al salón, pidió mi mano y advirtió que al amanecer las cuentas, empresas y secretos de mi ex quedarían expuestos.
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