Nicolás llevó a Inés, una mujer sin hogar, hasta la Hacienda Los Laureles y anunció que quería verla formar parte de su familia, sin imaginar que su llegada abriría el cuarto que Esteban mantenía cerrado desde la muerte de Clara. Lo que parecía la ocurrencia de un niño terminó revelando un molino detenido, una casa que volvía a respirar, rumores comprados por Laureano y la verdad de una deuda fraudulenta que le había arrebatado a Inés mucho más que un techo.
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