Mi familia dejó vacías sus sillas el día que recibí mi título, pero cinco días después mi madre apareció exigiendo 24,000 pesos para la boda civil de mi hermana. “La familia se apoya”, dijo, como si mis ahorros también le pertenecieran. No discutí. Le deposité un peso, cancelé el acceso a mis cuentas y cambié la cerradura. A la mañana siguiente, dos agentes tocaron mi puerta. Entonces descubrí que mi madre ya había celebrado usando mi nombre y una deuda que podía destruir mi futuro.
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