Adrián Salvatierra estaba a punto de beber un jugo que no había pedido, sin imaginar que una conserje llamada Isabela acababa de salvarle la fortuna y quizá la vida. Lo que parecía una simple advertencia terminó revelando un sedante, firmas falsificadas, $280,000,000 en riesgo, audios de su prometida Valeria, la traición de Rodrigo Beltrán y una red ligada al senador Arizmendi que años antes había destruido a la única mujer capaz de decirle la verdad.
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