—Tu mamá no está muerta… y Raúl cree que nadie lo sabe —susurró tía Lucía durante el rosario, mientras el padrastro de Mateo recibía abrazos como un viudo destrozado. El niño no reaccionó: ya había notado la chamarra limpia, las versiones cambiantes y las bolsas con ropa de su madre. Pero cuando Lucía mencionó una casa, un poder notarial y un crédito enorme, Mateo entendió que la desaparición quizá nunca fue un accidente.
ducanhkok