Mi suegro le quitó el plato a mi hijo de seis años frente a diecisiete familiares y dijo que los niños malcriados no merecían comer. Mi esposa me ordenó que no hiciera un escándalo mientras su padre acercaba a Emiliano un platillo que podía enfermarlo gravemente. Me fui con mi hijo, pero antes de llegar al coche el administrador del rancho me entregó una tarjeta y me pidió hablar antes del 2 de enero.
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