Lucía, de 8 años, llamó al 911 temblando y dijo que “la víbora de papá” había vuelto, mientras su padre juraba ante vecinos y policías que su madre la había abandonado y que la niña solo inventaba historias; pero cuando los oficiales revisaron la casa perfecta de Jardines del Bosque, encontraron a Daniela encerrada detrás de una puerta con seguro, notas escondidas dentro de un oso de peluche y el secreto que convirtió al padre ejemplar en el monstruo que todos se negaban a ver.
Elena caminó al altar con la cicatriz del incendio descubierta, mientras su propia tía y su prima se burlaban de su rostro frente a 200 invitados, creyendo que podían convertir su boda en una humillación pública; pero lo que Leticia no imaginaba era que Daniel no era un empleado cualquiera, sino el dueño de Grupo Meridian, y que esa misma noche saldrían a la luz fotos médicas robadas, firmas falsas, préstamos abiertos a nombre de Elena y el fraude que destruiría a toda su familia.
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