Mi parada de cinco minutos en una ciudad sin nombre convirtió una ruta conocida en mi peor pesadilla. Los habitantes me miraron como si supieran que yo podía hacer algo que ellos llevaban décadas intentando. Intenté marcharme, pero cada carretera me devolvía al mismo campanario y a las mismas caras inmóviles. Lo que descubrí después todavía me obliga a preguntarme cuántos viajeros siguen esperando una salida que quizá nunca aparece.
ducanhkok