Después de poner 34 mil pesos para el cumpleaños de mi suegra, me prohibió llevar a mis padres porque “eran gente de pueblo”. Mi esposo escuchó el insulto y prefirió quedarse callado para no molestar a su mamá. Yo no discutí ni pedí explicaciones; solo fui al salón, abrí el contrato y cambié una cosa que Teresa todavía no sabía.
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